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Como Bayoán a Marién, así conocí yo a Inda: De pronto, de repente, sin saber siquiera que existía, sin prever el influjo de su existencia en mi existencia. Hace ya más de un año. Pocas noches antes, recién llegado aún a Caracas, se me había forzado amistosa y cariñosamente a asistir a un sarao de familia que acabó por convertirse en una fiesta de bienvenida al huésped lisonjeado. En aquellos momentos se me lisonjeaba. Era yo el representante más activo de las Antillas: de Cuba y Borinquen, que aun necesitan de hombres como era yo. Se festejaba a la patria en mi persona, y los puertorriqueños me recibían como la encarnación de su esperanza, y los cubanos me recibían como al que su patria agradecida recordaba. Aun no había llegado el día de la traición en muchos para quienes fue una gloria y un honor el recibir de mí un apretón de manos.
Como Bayoán a Marién, así conocí yo a Inda: De pronto, de repente, sin saber siquiera que existía, sin prever el influjo de su existencia en mi existencia. Hace ya más de un año. Pocas noches antes, recién llegado aún a Caracas, se me había forzado amistosa y cariñosamente a asistir a un sarao de familia que acabó por convertirse en una fiesta de bienvenida al huésped lisonjeado. En aquellos momentos se me lisonjeaba. Era yo el representante más activo de las Antillas: de Cuba y Borinquen, que aun necesitan de hombres como era yo. Se festejaba a la patria en mi persona, y los puertorriqueños me recibían como la encarnación de su esperanza, y los cubanos me recibían como al que su patria agradecida recordaba. Aun no había llegado el día de la traición en muchos para quienes fue una gloria y un honor el recibir de mí un apretón de manos.



















